La historia de Vale y los primeros pasos de Spare Rooms Buenos Aires

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Hoy queremos presentarte a Valeria Pasmanter, nuestra fundadora. Porque a través de su historia vas a conocer la esencia de nuestra manera de hacer las cosas…

La idea de Spare Rooms Buenos Aires surgió y fue tomando forma de a poco. Empecé alquilando una habitación en mi casa a chicas que venían del exterior. Hasta que una francesa un día me contó que estaba cansada de que la estafaran, porque cuando escuchaban su acento le quería cobrar más.

Ahí me di cuenta de la posibilidad que tenía por delante: siempre me gustó hacer sentir bien a los extranjeros, ayudarlos a que encuentren un lugar para vivir, y descubrí que llegar a Buenos Aires sin conocer la cultura, puede enfrentarlos a situaciones muy difíciles. 

Así que avancé con esta idea. Empecé con poquitas habitaciones, convencí a un amigo mío, y él a su vez convenció a su mamá (Marita) para que sea mi primera anfitriona. Marita tenía una habitación de servicio muy chica, y alojamos allí a una chica de EE.UU. que había venido a aprender español y estaba viviendo en una casa donde todo el tiempo le hablaban en inglés. Cuando la fui a visitar, al mes de haberse mudado, noté que hablaba español súper fluido. ¡Su objetivo estaba cumplido y yo me sentía feliz de haber ayudado!

Mi rutina era full time, me levantaba a las 6 de la mañana y me encargaba de todo: visitaba cada habitación, sacaba las fotos y le explicaba a cada anfitriona cómo era la modalidad.

También visité universidades para comentarles de la iniciativa y creé un blog gratis de wordpress para ayudarme a difundir. Así se fueron dando los pasos, de forma muy casera.

Con el tiempo decidí invertir en la creación de una web más profesional. Y se fueron sumando más y más habitaciones. Las universidades me recomendaban a sus estudiantes y, como se trata de un negocio novedosos, logré salir en la prensa varias veces.

Un día mi amigo Christian me dijo, ‘vos estás empoderando a mujeres, porque la mayoría de esas habitaciones son de mujeres mayores’. ¡Y descubrí que tenía razón, hice un análisis de mis habitaciones y me di cuenta de que la mayoría de las mujeres que alquilaban sus habitaciones eran viudas o separadas y mayores de 55 años; mujeres que nunca trabajaron o tienen ingresos muy bajos, con expensas y gastos muy caros que no podían solventar. Y esas habitaciones disponibles, que quedaron cuando sus hijos se fueron a vivir solos, les servían mucho. 

Descubrí que, además de ayudar a los chicos que vienen desde el exterior o interior del país a encontrar un lugar seguro donde vivir, generamos un doble impacto, le damos a esas señoras la posibilidad de generar un ingreso genuino. Y eso fue lo que me impulsó aún más a trabajar en esto.