Recibir estudiantes en casa, una manera de generar ingresos en pandemia

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Cuando empecé Spare Rooms Buenos Aires, hace mas de 10 años, toda habitación vacía que aparecía, ingresaba a nuestra web. No teníamos muchos requisitos para incorporar cuartos disponibles, había que sumar lugares. Había una pregunta que estaba en el aire ¿Cómo recibir estudiantes extranjeros en mi casa? entre esos potenciales anfitriones y anfitrionas.

Las habitaciones que más nos gustaban

Con el tiempo, con la experiencia y con la investigación nos dimos cuenta que las habitaciones que más queríamos tener en nuestra base eran las habitaciones de señoras mayores. Ellas eran las que más nos necesitaban y las que mejor trataban a nuestros huéspedes. Entonces tomamos una decisión: enfocarnos en conseguir esas habitaciones y nos propusimos que el 85% de nuestras anfitrionas sean mujeres mayores de 60 años.

Esa decisión nos hizo tener un doble propósito en la empresa, no solo evitar que miles de estudiantes fueran estafados al buscar un lugar seguro donde vivir, sino además generar un ingreso extra y sostenible a mujeres y hombres mayores de 60 años que tienen pocas oportunidades en el mercado laboral. Y tienen un recurso a mano: una habitación disponible en su casa.

Barajar y dar de vuelta

Hace unos días nos hicieron una nota para Regeneración, un newsletter sobre sostenibilidad y triple impacto, y el periodista Gabriel Destefano lo explica muy bien en estas líneas:

«Una de esas fórmulas que sabemos de manual es que para crear una emprendimiento de impacto lo primero es identificar un sufrimiento o un problema del mundo, luego debemos imaginar una posible solución a ese problema y si seguimos profundizando llegamos un tercer punto que es imaginar un emprendimiento que con su operatoria haga realidad esa solución a ese problema. Aquí nace un propósito por el cual el emprendimiento de impacto vive, es decir su razón de existir y quizás solo reste un cuarto punto que es como financiar todo esto. Esta historia me inspiró mucho porque es exactamente un emprendimiento con impacto social pero sin el caminito que yo tenía aprendido. Lo que Valeria, una de las mentoras, me enseñó es que esta fórmula no siempre es lineal y que en ocasiones son los propósitos los que nos buscan a nosotros y no nosotros a ellos. Entran en la vida de una compañía con tanta fuerza que se apoderan de ella y ya no hay más opción que barajar, dar de vuelta e impactar positivamente.»

Haciendo click acá mirás la nota completa

Estoy de acuerdo con Gabriel (el periodista), la idea de también ayudar con este negocio a mujeres mayores de 60 años que por diferentes cuestiones de su vida necesitaban ese ingreso extra, me movilizó de tal forma que no hubo vuelta atrás.

Vale Pasmanter 🙂

Si sos una mujer mayor de 60 años con una habitación libre en tu casa, podés recibir estudiantes extranjeros, enterate cómo en este link.

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